Ciudades apuradas...inquietas. Suele ser difícil apartarse y ser uno, encontrarse. Allí, donde hay espacios atestados de gente, que corre; viene; va; empuja. Encontrarse con la soledad…esa “dulce ausencia de miradas” (como lo definiría Kundera) también suele ser difícil.
La ciudad nos define, nos muestra sus aristas, se muestra. A veces sus bordes, sus enojos, sólo hay que escucharla, olerla quizá, palparla…
Nos muestra su gente. Algunos que observan inmóviles, los movimientos de todo lo demás que fluye como si nada. Que fluye y acompaña el paso, o sólo mira…Otros no esperan, se hacen escuchar, increpan, gritan, reclaman… ¿se escucharán a si mismos? ¿Los escucharemos?
Sus paredes también nos hablan…quieren ser escuchadas. ¿Será posible callar y sólo por un momento animarnos a percibir lo que nos dice? Quizá…es cuestión de intentarlo.
Puertas: cerradas, sin salida, abandonadas…Sus puertas se quejan a través del crujido constante del hierro oxidado, las bisagras sin grasa. Las hay de todas formas: cuadradas, más redondas en sus esquinas; verdes, blancas, plateadas, azules; cuarteadas, recién pintadas; con candados, candados rotos; doble llave; rejas; vidrios espejados.
Algunas con largos pasillos y casas en el fondo a veces se muestran y se dejan ver entre las rejas, o por alguna grieta perdida.
Pero todas nos dicen cosas, nos hablan de su gente, de sus habitantes, quizá algunas huellas del adentro.
La gente forma parte también de este paisaje urbano cotidiano, que a veces, sino casi siempre, se vuelve anómico. Habitualmente nos preguntamos, como para no sentirnos que no somos nosotros mismos, si realmente podemos formar parte de este todo, sin quedarnos sin nosotros. Nos movemos, constantemente, se mueve sola la ciudad, por lo menos esa es la sensación. Nosotros vamos, venimos, entramos y salimos de las multitudes que usualmente hasta nos arrastran. Somos los que propiciamos ese movimiento, y formamos parte de él, partimos, nos corremos, volvemos, nos mezclamos….estamos de paso…y no estamos. Nos rozamos con los otros, lo miramos, la miramos, nos mira…
Árboles, huellas, pisadas, vestigios de sucesos… constantemente están presentes en lo cotidiano. No los percibimos; sin embargo, están… a veces nos percatamos de su lugar…de esos espacios. Sin embargo habitan siempre este espacio, nuestro espacio, que también ellos forman parte.